gatos-negros-falsos-mitos-y-creenciasLos gatos negros suelen llevar el estigma injusto de que son portadores de mala suerte, además de otras falsas creencias asociadas a su color de pelo. Esto comporta que su índice de adopción sea menor que el de gatos de otro color y que no sean tan apreciados. Por eso, queremos darte una serie de buenas razones por las que el gato negro puede ser un perfecto animal de compañía.
¿Los gatos negros traen mala suerte?
Hoy aún existe la superstición de que el gato negro está relacionado con la suerte. De hecho, en nuestro país, así como en el resto de Europa Continental y Estados Unidos cruzarte con un gato negro es visto como una mala señal. Sin embargo, en Gran Bretaña es sinónimo de buena suerte. Es obvio que esta superstición depende mucho de cada uno, pero sí que es cierto que hay muchas personas que creen en la desafortunada fama que acompaña al gato negro. (Morris, 2010).

Sin ir más lejos, cuentan que el dueño de un restaurante al sur de Nápoles cuando volvía a casa en plena noche vio como un gato negro cruzó la carretera delante de su coche. De inmediato estacionó al lado de la ruta ya que no quería seguir a menos que regresase el gato para deshacer la mala suerte. Al poco tiempo llegó la policía y le preguntaron que hacía aparcado allí a esas horas de la noche. Cuando les explicó sus razones, los agentes y él se dejaron llevar por la superstición y esperaron a que el gato volviera. (Morris, 2010).

¿Son fáciles de adoptar?
Creamos o no en esta superstición, lo que sí que es cierto es que el hecho de ser de color negro no favorece a los gatos a la hora de ser adoptados. Existen varios estudios que sugieren que el color no es importante a la hora de elegir un animal de compañía de un refugio (Podberscek y Blackshaw, 1988), pero la realidad es que los gatos negros y marrones se adoptan menos que los de capa más clara, sean blancos, color point o grises (Lepper et al., 2002). Y aunque finalmente sean adoptados suelen permanecer más tiempo en el refugio antes de que alguien los elija, incluso cuando son gatitos (Kogan et al., 2013; Brown y Morgan, 2015).

La dificultad de ser adoptados relativa al color oscuro no es algo exclusivo de los gatos, también afecta a los perros, tanto que se habla del “síndrome del perro negro” (Kogan et al., 2013). Así que, aparte de las supersticiones, también se cree que el color negro pueda añadir trabas a la adopción porque es muy complicado de fotografiar. Muchas protectoras recurren a las fotos subidas a la red para anunciar los animales que tienen a disposición (Kogan et al., 2013) y los animales de pelaje negro quedan desfavorecidos por las problemáticas en retratarlos.

Tips. La fotógrafa Casey Elise Cristopher desmitificó la creencia de que los gatos negros son difíciles de fotografiar. Su serie de retratos de gatos negros del oeste de Los Ángeles sirvió para concienciar de los bajos índices de adopción y los altos índices de eutanasia que padecían estos animales en la ciudad.
Tips. En Gran Bretaña e Irlanda del Norte existe el Día del gato negro. Se celebra cada 27 de Octubre y es una manera para homenajear este felino, que levanta tantos sentimientos contrapuestos, y así favorecer su adopción.
¿El color negro influye en el carácter de los gatos?
Las tendencias de comportamiento de un animal dependen de muchos factores, uno de ellos es su genética. Es por esto, por ejemplo, que los gatos siameses piden más atenciones y vocalizan más que otras razas y que algunos problemas de conducta son más frecuentes entre los gatos de ciertas razas (Turner y Bateson, 2000).

Teniendo en cuenta que la genética puede ser importante a la hora de determinar el comportamiento de un animal, muchos autores sugieren que los gatos que tienen en su genética el alelo non-agouti, que a menudo corresponde al pelaje de color negro (Elzirik et al., 2103), tienen más tendencias gregarias y se muestran más tolerantes hacia la presencia de otros gatos. En cambio los gatos con el alelo agouti, en un estudio reciente, han resultado mostrar una mayor tendencia agresiva hacia otros gatos (Wilhelmy, et al. 2016).

La actitud más tolerante de los gatos con alelo non-agouti les permitiría adaptarse con más facilidad a condiciones de sobrepoblación, que encontramos a menudo en las ciudades (Robinson, 1977; Todd, 1977) y que podrían explicar porque hay muchos gatos con esta genética en las grandes urbes (Lloyd y Todd, 1989). De hecho en las ciudades, los gatos que tienen más éxito reproductivo y que por lo tanto tienen más posibilidades de transmitir su información genética suelen estar entre los más tolerantes hacia la presencia de otros machos.

La razón está en que los que son muy agresivos hacia los demás gatos dedican más tiempo a los enfrentamientos que a las tareas reproductivas (Natoli y De Vito 1991), mientras que los más tolerantes esperan sentados su turno para poderse aparear con una gata en celo. Sin embargo, todavía no hay estudios que confirmen si la supuesta mayor tolerancia hacia sus congéneres se debe al hecho de poseer el alelo nonagouti.

Tips. El alelo agouti que se encuentra hoy en día en la genética de los gatos domésticos con un patrón atigrado en el pelo procede de la genética del gato salvaje africano, el ancestro de nuestros gatos. Su presencia determina la alternancia de bandas de color claro y más oscuro en cada pelo. El alelo non agouti ha aparecido gracias a una mutación del alelo agouti y su presencia determina colores sólidos en el pelo como, por ejemplo, todo negro o todo gris. Sin embargo, en los gatos de color naranja o crema, el alelo nonagouti esto no se produce y se sigue viendo un patrón atigrado en el pelo.
Sin embargo, sí que existen estudios sobre la relación entre color del pelaje y las tendencias agresivas de los gatos hacia las personas en tres situaciones diferentes: en el día a día, en una clínica veterinaria y durante algunas manipulaciones, como un castigo, una sesión de caricias o de peinado (Stelow et al., 2015).

Los resultados muestran que, en general, los gatos que los propietarios han descrito como más agresivos han sido las hembras de dos o tres colores (tortuga, calico y torbie), los gatos de pelo blanco y negro (sobre todo los machos) y los de pelo blanco y gris, mientras que los gatos negros no han destacado como gatos con tendencias agresivas en ninguna de estas situaciones.

Sin embargo, al tratarse de una encuesta en lugar que de una valoración directa de la conducta de los gatos, sus resultados pueden verse afectados por los criterios de valoración de cada propietario, de manera que antes de afirmar una relación tan clara entre color del pelo y temperamento harían falta más estudios. De hecho, se ha comparado en un test la reacción de gatos de colores sólidos con la de gatos del mismo color pero manchados de blanco, y no se han detectado relaciones entre color del pelo y el temperamento (Munera, 2010).

Tips. Un estudio realizado en 84 gatitos de raza British shorthair ha revelado que los felinos de color rojo, crema y tortuga tardan más en tranquilizarse durante la manipulación realizada por un desconocido y hacen más intentos de escapar que los gatitos de otros colores (Mendl y Harcourt, 2000).
No hay, por tanto, una respuesta definitiva a si existe una relación entre el color del pelaje del gato y su temperamento pero sí algunas hipótesis sobre el porque podría existir dicha relación. Según la primera de ellas puede existir una relación entre color del pelo y el temperamento ya que el pigmento de piel y pelo, llamado melanina, y algunas sustancias que regulan la actividad del sistema nervioso, como la dopamina, tienen un precursor en común (Hemmer, 1990). Así pues los genes que regulan la producción y el uso de este precursor común podrían afectar tanto a la actividad nerviosa y al comportamiento como a la coloración del pelaje del animal.

Según otra hipótesis, la relación podría ser de otra naturaleza: en los cromosomas del animal, es decir, las estructuras que contienen su información genética, los genes relativos al color del pelaje se podrían encontrar cerca de los que controlan algunas funciones del sistema nervioso, así que, por cercanía, hay mucha probabilidad de que se hereden juntos Es de este tipo la relación que se ha observado entre el color blanco del pelaje de los gatos y la mayor probabilidad de padecer sordera en uno o ambos oídos (Hemmer, 1990).

7 beneficios de tener un gato
Aunque por la razón que sea muchas personas puedan dudar ante la posibilidad de adoptar un gato negro, la verdad es que estos felinos, gracias también a una buena socialización y educación, pueden llegar a ser el animal de compañía ideal. Entonces ¿por qué no darles una posibilidad? Además sean del color que sean te aportan muchas cosas buenas como por ejemplo:

1. Si tienes hijos estos tendrán menos posibilidades de padecer alergias y asma, ya que suelen desarrollar tolerancia inmunológica a los gatos.

2. Además, los felinos son un soporte muy importante cuando atravesamos malos momentos. ¿Sabías que un 67% de los propietarios afirman que su gato siempre está allí cuando lo necesitan?

3. También nos permiten mantener nuestra salud en buena forma, ya que los gatos nos ayudan a aliviar el estrés y a mitigar los síntomas negativos de estados de malestar psicológico.

4. El hecho de tener gato está asociado con un menor riesgo cardiovascular. La razón es que los propietarios de este animal acostumbran a tener niveles más bajos de presión sanguínea y de triglicéridos y su corazón responde mejor ante situaciones de estrés.

5. Los felinos también nos ayudan a mejorar nuestro estado físico en lo que se refiere a salud cardiovascular y mental.

6. La compañía que nos dan es incomparable, de hecho, un 83% de los propietarios declaran que con su gato se sienten menos solos.

7. Y, por último pero no menos importante, ejercen un efecto muy positivo en nuestros niveles de bienestar, porque el simple hecho de observar a los gatos nos alegra y nos hace bien.

Bibliografía
Brown, W.P., Morgan, K.T., 2015. Age, Breed Designation, Coat Color, and Coat Pattern Influenced the Length of Stay of Cats at a No-Kill Shelter. Journal of Applied Animal Welfare Science 18(2), 169-180.

Eizirik, E., Yuhki, N., Johnson, W.E., Menotti-Raymond, M., Hannah, S.S., O’Brien, S.J., 2003. Molecular genetics and evolution of melanism in the cat family. Curr. Biol. 13, 448–453.

Hemmer, H., 1990. Domestication: the decline of environmental appreciation. Cambridge University Press.

Kogan, L. R., Schoenfeld-Tacher, R., & Hellyer, P. W. (2013). Cats in animal shelters: Exploring the common perception that black cats take longer to adopt. Open Veterinary Science Journal, 7, 18–22.

Lepper, M. K., Kass, P. H., & Hart, L. A. (2002). Prediction of adoption versus euthanasia among dogs and cats in a California animal shelter. Journal of Applied Animal Welfare Science, 5, 29–42.

Lloyd, A.T., Todd, N.B., 1989. Domestic cat gene frequencies. Tetrahedron Publications.

Mendl, M., Harcourt, R., 2000. Individuality in the domestic cat: origins, development and stability. En: D.C. Turner, P. Bateson (Eds.) The Domestic Cat: The Biology of its Behavior – 2nd ed., Cambridge University Press, p.47–64.

Morris, D., 2010. Observe a su gato. Plaza & Janes, 13-14.

Munera, J., 2010. Domestic cats. Coat color and personality. Honor’s Thesis. New Colleg of Florida, USA.

Natoli, E., De Vito, E., 1991. Agonistic behaviour, dominance rank and copulatory success in a large multimale feral cat, Felis catus l., clony in central Rome. Animal Behaviour 42, 227-241.

Podberscek, A.L., Blackshaw, J. K. (1988). Reasons for liking and choosing a cat as a pet. Australian Veterinary Journal, 65, 332–333.

Robinson, R., 1977. Genetics por cat breeders. Pergamon Press.

Stelow, E.A., Bain, M.J., Kass, P.H., 2015. The Relationship Between Coat Color and Aggressive Behaviors in the Domestic Cat. Journal of Applied Animal Welfare Science, 1-15.

Todd, N.B., 1977. Cats and commerce. Scientific American 237(5), 100-107.

Turner, D. C., Bateson, P., 2000. The domestic cat: The biology of its behaviour – 2nd ed. Cambridge University Press.

Wilhelmy, et al. 2016. Behavioral associations with breed, coat type, and eye color in single-breed cats. Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research 13, 80–87.

Fuente:www.fundacion-affinity.org

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